La idea es contar un viaje sin decir nombres de lugares, personas, monumentos y, en general, sin dar referencias concretas sobre el itinerario o las poblaciones visitadas y sin mostrar en las imágenes, si aparecen, la información directa. ¿Recogería eso la esencia de un viaje? Yo creo que no existe tal esencia, pero, semejante esquema, sin asomo de objetividad, ¿será algo más interesante que una adivinanza? ¿Soportará algún lector tal tiranía del autor, el único con nombre propio declarado, en un relato que se pretende no ficción? En todo caso, la pretensión es tan humilde como egoísta: sólo pretendo divertirme haciendo un juego complementario del viaje mismo. Si se divierten otros, mejor todavía. La peripecia se puede seguir en
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